La de Bruce Willis
Todos se acuerdan de que Bruce Willis estaba muerto en "El sexto sentido", menos el actual Bruce Willis.
—Buenos días —dijo Pablo.
—Buenos días, Pablo. No sabía que estabas muerto —exclamó Alberto, sonriendo.
—¿Qué dices? ¿De dónde sacas eso? —preguntó Pablo, sorprendido.
—Lo digo porque me has visto. Y yo estoy muerto. Así que, si puedes verme, solo puede significar que tú también lo estás —dijo Alberto, entre sonrisas que amenazaban con convertirse en carcajadas.
—¿Y tú cómo sabes que estás muerto? —preguntó Pablo, frunciendo el ceño.
—Muy fácil: nadie puede verme. Llevo meses paseándome por el pueblo y soy invisible. Nadie interactúa conmigo, nadie me habla. Soy solo un ente que vaga sin saber muy bien por qué. Yo, que las vacaciones en Benidorm me parecían poco... y mírame ahora, vagando por aquí como si esto fuera el limbo —dijo Alberto, resignado.
—¡Qué no, Alberto! Ni tú ni yo estamos muertos. Lo que pasa es que a ti no te hacen caso porque eres controlador aéreo. Y ya sabes que en La Bañeza hay devoción absoluta por el transporte terrestre. Los controladores aéreos no están bien vistos.
—¡No puede ser! ¡Llevo meses paseándome desnudo por el pueblo!
—¿Desnudo?
—Sí, completamente. Pensé: “Si estoy muerto, ¿para qué vestirme?”. Y además, así llamo la atención. Pero nada. Ni un grito, ni una multa, ni una señora escandalizada. Nada. Invisible total.
—Pues igual es que no te ven porque no quieren verte. Que eso también pasa.
—¿Y tú? ¿Estás seguro de que no estás muerto?
—Hombre, ahora que lo dices... esta mañana me ha saludado el panadero. Aunque también es verdad que me ha llamado “Antonio”.
—¿Ves? ¡Eso es una señal! ¡No eres tú! ¡Eres un recuerdo! ¡Un eco del pasado!
—O el panadero llevaba la empanada puesta, que también puede ser.
(Se quedan en silencio unos segundos. Luego, Alberto se lleva la mano al pecho.)
—Pablo... ¿y si estamos vivos?
—¡No digas eso ni en broma! ¿Te imaginas? ¡Meses haciendo el ridículo por el pueblo, en pelotas, hablando solo, y resulta que estoy vivo! ¡Qué vergüenza!
—Tranquilo, hombre. Era una hipótesis.
—Menos mal. Me habías dado un susto...
(Pausa. Pablo sonríe.)
—Aunque claro... si tú me ves, y yo te veo...
—Sí, sí. Estamos muertos. No hay duda.
—Uf, qué alivio.
(Pablo suspira, se sienta en un banco invisible y mira al cielo.)
—Esto es humor de nicho, ¿verdad?
—Totalmente.
Imagen de “El sexto sentido (1999)


